El tango: 2ª parte

 Seminario en Tiiu Bolzmann- Bert Hellinger

Hellinger utiliza el ejemplo del tango para explicar los ordenes  en la pareja.

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Bailar es dialogar:

El movimiento es un diálogo. El hombre da un impulso, él dice algo a través de su cuerpo y de este modo revela algo de sí mismo. Muestra algo de su idiosincrasia, de su emoción, del misterio de ser hombre. La mujer recibe ese impulso y con ello también expresa algo. Revela algo de sí mismo, muestra una emoción y algo de su misterio de ser mujer.

“El hombre se experimenta como incompleto ante la mujer y, dado que como hombre le falta la mujer, ésta le atrae. La mujer a su vez, se experimenta como incompleta ante el hombre y, dado que como mujer le falta el hombre, éste la atrae. Dado que cada uno le falta el otro, se desarrolla una atracción mutua. Este hecho significa un gran impulso de energía para ambos. (Pág. 119)

El hombre tiene que estudiar a la mujer y sus movimientos. ¿Dónde apoya ella su peso, cómo y en qué movimiento puedo dirigirla? No puede llevarla hacia la izquierda, si ella tiene su peso apoyado en el lado izquierdo. No se pueden avanzar, si ella tiene su peso adelante. Ambos deben estar seguros de haber comprendido las señales que se han dado. Recién entonces se pueden involucrar el uno con el otro. Si ella no entendió, él le debe dar una nueva señal. Y ella tiene toda libertad de responder a esa señal o no. Si ella no quiere responder, no lo hace y él acepta. Él no la obliga, ni ella a él.

Si él quisiera avanzar sin tenerla en cuenta , ambos pierden el fluir del movimiento. Así se produciría una lucha por el poder.

Seguir y servir….

Lo que si pueden hacer los dos: “Seducir” al otro. El hombre a la mujer para que le siga, y la mujer al hombre para que le sirva.

Bien, el hombre da una señal y ella responde. Al responder ella le da otra señal y él responde.

Es como en la vida real. Cuando yo escucho al otro, continúa el diálogo. Si no, no puedo ponerme en contacto con el otro. Entonces hablo cualquier cosa, y por lo general pasa de largo. Y de esa manera nada se puede desarrollar entre ambos. Así uno responde solamente a las propias propuestas y no a las de nuestro interlocutor.

Pero en muchos matrimonios también se presentan situaciones, donde un miembro de la pareja hace algo, que hiere al otro. Aquí también el que fue herido también siente la necesidad de compensar. Tiene la necesidad de vengarse.

Así que le devuelve algo malo a su pareja, pero esto lleva a un intenso intercambio de maldades. Pero existe una regla muy simple para salir de este círculo diabólico:

Así como en el intercambio de bondades por amor, uno le da al otro algo más de lo bueno, así en el intercambio de maldades uno le devuelve al otro un poco menos de lo malo. Así el intercambio de bondades se puede reiniciar.

El hombre coloca su pierna como una zancada, pero ella no tropieza, porque con un impulso, él la vuelve amablemente a la corriente del movimiento.

El hombre la guía en una dirección y de pronto la frena. La pierna libre de la mujer, que estaba lista para el próximo paso, dibuja un ocho en el aire, (boleo). Con el próximo movimiento él lleva su pierna contra el muslo de ella. En el baile, esa pierna no tiene nada que hacer en ese lugar. La trasgresión, el pasarse de los límites, pide una compensación. En la próxima oportunidad ella trata de golpearle con la pierna – pero sin llegar a tocarlo. Ella no quiere golpearlo. Él solamente siente el ímpetu de la pierna que golpea en el aire (ganchos).

De esta manera los miembros de la pareja se devuelven un poco menos de “lo malo” y el dar y tomar de cosas buenas puede recomenzar.

Lo Femenino y lo Masculino

La mujer renuncia a lo masculino en ella y permanece en su rol auténticamente femenino. El hombre renuncia a lo femenino en él y permanece en su rol auténticamente masculino.

Para ser hombre, el hombre tiene que renunciar a ser mujer él mismo y permitir que una mujer le dé lo femenino como obsequio, y viceversa. Ambos tienen que aceptar sus limitaciones para así capacitarse para una relación, ya que, de esta manera, ambos se necesitan y tienen la posibilidad de complementarse. (Pág. 120)

La mujer sigue al hombre en su círculo de energía, en su movimiento y él permite que se despliegue, porque el hombre tiene la misión de mostrar la belleza de la mujer. Cuando lo masculino puede quedarse claramente con el hombre y lo femenino con la mujer, la belleza se puede desplegar.

En el movimiento se ve: él acompaña a ella con su cuerpo, porque ella lo necesita para encontrar su flexibilidad. Ella reacciona ante esta energía masculina, la asimila y da al hombre algo en devolución, que le proporciona fuerza para dirigir. De esta manera ambos se complementan. El hombre le da a la mujer su masculinidad y la mujer le da al hombre su feminidad. En la confluencia de estas dos energías se unen lo MASCULINO y lo FEMENINO. Se genera un movimiento: Vida y … Tango.

“La relación entre el hombre y la mujer es lograda, si la mujer sigue al hombre. Es decir, le sigue a su familia, a su ciudad, a su círculo, a su idioma, a su cultura, y está de acuerdo con que también los hijos le sigan. Pero también aquí hay una compensación, un contrapeso. De complemento, el orden del amor entre el hombre y la mujer exige: el hombre tiene que servir a la mujer..” (Pág. 123)

Lo que significa esto en el Tango, se lo dejo a su propia percepción, mientras observan parejas bailando el Tango argentino.

*Las citas en letra cursiva son del libro “Felicidad Dual”

Tiiu Bolzmann

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