Emociones: Jeff Foster - Scott Kiloby

emociones

Es fácil decir “te amo”.
Es fácil hablar de amor,
y de la presencia, y de la conciencia,
y de una profunda aceptación de lo que es.

Es fácil enseñar,
decir cosas que suenen verdaderas,
y buenas, y espirituales.

Pero no son más que palabras.
Hay un mundo que antecede a las palabras.

Cuando surja la ira, como lo hará, ¿podrías mantenerte cerca,
y no adormecerla, o tratar de echarla fuera?

Cuando el miedo estalle en el cuerpo, ¿podrías respirar en él,
y no fusionarte con él, o enredarte en las historias?

Cuando te sientas herido, rechazado, no amado, abandonado,
¿podrías darle cabida a esa sensación,
y darle la bienvenida en el cuerpo,
inclinarte ante su intensidad, su fuego, su presencia,
y no atacar, o reaccionar, o insultar a la gente?

¿Podrías hacer el compromiso de no abandonarte
ahora que necesitas tu propio amor más que nunca?

Es fácil hablar de amor.
Es fácil enseñar.
Hasta que nuestras viejas heridas se abren.
Hasta que la vida deja de ser a nuestro modo.

Eso que te inquieta
te está invitando
a amarte con más profundidad
¿Te das cuenta?

No hay vergüenza en esto:
Todos tenemos nuestro lado flaco.

- Jeff Foster

ENCARNACIÓN CONSCIENTE
– Scott Kiloby

 

……..El cuerpo parecía algo completamente distinto, demasiado físico, por falta de una palabra mejor, algo muy complejo de investigar. Supongo que por eso, algunos, dentro del camino espiritual no se detienen realmente a investigarlo.

El cuerpo alberga todo tipo de cosas como la adicción, la ansiedad, las emociones, emociones reprimidas, trauma y contracciones. ……….A los 40 años comencé a experimentar ciertos dolores habituales y otros que aparecen con la edad. Todo esto parecía una amenaza que me empujaba a huir del cuerpo. 40 años de funcionamiento, con otros 40 por venir. ¡Caramba!

Debido a que el cuerpo es el almacén de todas esas cuestiones, empecé a ver lo que había estado haciendo a lo largo de mi vida y también lo que la mayoría de los demás están haciendo. Estamos tratando, a toda costa, de evitar o escapar de estar plena y conscientemente encarnados. Hemos desarrollado formas muy ingeniosas para evitar y escapar. He aquí algunas de ellas (y yo he practicado casi todas):
Buscamos cosas fuera de nosotros mismos (drogas, iluminación, éxito, amor, cafeína, trabajo etc.) para medicar la incomodidad de estar encarnados en un cuerpo humano.

Nos volvemos realmente inteligentes, atiborrando nuestros cerebros con marcos conceptuales complejos y etiquetas acerca de todo. Esto nos permite dedicar la mayor parte del tiempo y atención a los pensamientos, que son como un lugar seguro en donde no tenemos que sentir lo que es ser realmente un humano encarnado ni experimentar la vulnerabilidad y la intimidad de una relación.
Constantemente tratamos de cambiar la apariencia física del cuerpo a través de una dieta, ejercicio e incluso con trastornos alimentarios para evitar el profundo dolor interno de sentirnos heridos y no lo suficientemente buenos en un mundo que valora la apariencia física demasiado alto. Gastamos enormes cantidades de dinero, tiempo y energía tratando de detener el proceso de envejecimiento. En muchos casos, todo esos esfuerzos nunca alivian realmente ese sufrimiento interior.

Nos disociamos por completo de los traumas y otras condiciones del cuerpo porque nos resulta demasiado doloroso enfrentarlos. Me he sentado con personas que han desarrollado muy bien la capacidad de huir de sus cuerpos a la primera señal de ansiedad o trauma.
Nos estacionamos en un estado iluminado no encarnado, que sólo redirige el curso del condicionamiento a continuar con el ‘show’ de una manera u otra.

He trabajado con gente que viene al Kiloby Center con una ‘vacante’ en sus cuerpos. Sus ojos revelan toda una vida de haber estado buscando ser otra cosa que no sea un humano. Algunos vienen después de años de abusar del alcohol y las drogas, con desórdenes alimentarios o traumas. Sus ojos y su energía cuentan la historia: “No puedo soportar estar consciente de mi cuerpo.” Vienen nerviosos, inquietos, intranquilos, esperando la próxima oportunidad para escapar de cualquier sensación o emoción incómoda que se presente. Una de las cosas más difíciles que les pedimos cuando llegan al Centro es que se sienten tranquilamente a solas en una habitación, sin celulares, computadoras, comida, televisión ni nada por el estilo. Aquí es cuando comienza a aflorar la incomodidad de ser un humano encarnado. Todo en su sistema grita: “¡NO, no puedo estar aquí completamente solo con este cuerpo!” Entre cada sesión se nota un fuerte impulso por buscar un teléfono, el IPAD, la televisión, los asuntos del trabajo, algo de comida, drogas, la atención de los demás, etc. Cualquier cosa para escapar…

Los buscadores espirituales a menudo presentan la misma ‘vacante’ e inquietud en el cuerpo que los adictos a las drogas y a otras sustancias. Muchos vienen al Centro después de haber tenido una poderosa experiencia de despertar con ese mismo sentido de vacío e intranquilidad. Algunas veces se esfuerzan tanto en demostrar al personal que ya están despiertos que simplemente ignoran la verdadera energía de defensa que surge en sus cuerpos cuando esa idea se ve amenazada. Tal parece que las enseñanzas de la no-dualidad, o al menos muchas de ellas, han hecho poco bien a los buscadores del mundo, prometiendo algo parecido a un ser no conceptual o presencia que, de alguna manera, barrerá todo el sufrimiento de la mente y el cuerpo. La promesa, por lo general, no se cumple. La prueba está en los ojos vacíos y en la inquieta energía que no tiene la capacidad de sentarse y simplemente ser por un breve lapso de tiempo. He visto gente que parece tener claro que no hay ningún ‘yo’ o incluso van por ahí asegurando que ya se han iluminado, sin embargo aún siguen experimentando los tan reales efectos de una adicción jamás examinada, de toda una serie de emociones reprimidas, de contracciones, ansiedades, compulsiones y traumas en el cuerpo. Nuestros cuerpos recuerdan el sufrimiento, incluso cuando afirmamos que lo hemos trascendido.

En el Centro, dedicamos una buena cantidad de tiempo a las prácticas habituales de presencia que implican ver a través del yo. Pero esto es sólo una parte de la fórmula del despertar. Es una parte que resulta completamente inadecuada para enfrentar plenamente y liberar el sufrimiento albergado dentro del cuerpo después de años de vivir en la tierra. Una experiencia de despertar, en sí, es simplemente el primer paso. Se requiere de cierto tiempo para que el cuerpo se entere y responda a ello.

Me habría gustado decir que he encontrado una forma de reconocer la presencia sin haber tenido que investigar el cuerpo. Me habría gustado decir lo que muchos maestros han dicho: “Tú no eres tu cuerpo.” Pero cuando escucho a un maestro decir eso y veo que sigue fumando todos esos cigarrillos hasta que se muere, me doy cuenta que no quiero ir en esa dirección. Sé lo que es ser adicto. Tiene mucho que ver con el hecho de identificarnos con un cuerpo. Decir, “No soy el cuerpo,” mientras me sigo identificando, sigo siendo adicto, sigo estando traumatizado o ansioso en algún nivel, sería decirlo de dientes para fuera.

Como dije antes, alguna vez mi cuerpo se sentía denso, físico e inquieto. Tuve que reconocer cada sensación conforme surgía, con una bondad silenciosa, en paz, que no tuviera la mínima intención de cambiar ni un ápice de ninguna sensación. Por supuesto, hubieron momentos en los que desee cambiar lo que sentía. Nunca tuve éxito. Lo intenté muchas veces y de diversas formas. Nada funcionó. He intentado todas las adicciones. Intenté evitar tener que buscar el trauma de haber sido intimidado cuando era niño. Traté de desestimar la ansiedad que sentía. Quise creer que un despertar inicial era más que suficiente para realmente vivir en paz y en libertad. Todo resultó una estafa. Me di cuenta que me estaba estafando a mí mismo.

Llegó un momento en que toda esa locura y ese huir del cuerpo llegó a verse como absolutamente inútil. Ya no había modo de escapar de la experiencia de vivir como un ser humano con un cuerpo. Algo tenía que cambiar. El cambio se produjo a través de investigar dentro del cuerpo.

Cuando comencé a ver y sentir el cuerpo, empecé a darme cuenta que lo que realmente veía no era un contenedor físico, para nada. Se trataba de una combinación de sensaciones, emociones, palabras e imágenes. Pero caray, sí que se sentía físico en un principio. Cuando examinaba el estómago o la garganta, seguía viendo una imagen y sintiendo una sensación que llegaba junto con ello. No hacía nada al respecto – nada más que ser consciente de esa imagen o de esa energía. La investigación ayudó tremendamente a detener el deseo de cambiar cómo me sentía. Todo el juego de querer arreglar algo se vio como algo inútil. De ese punto en adelante, sólo se trató de un proceso de estar consciente de las sensaciones, emociones, palabras e imágenes sin hacer nada con ellas. Estar consciente de cada una y permitirles que flotaran con toda libertad fue suficiente. Empezaron a verse como aspectos que surgían sólo por un tiempo, al igual que los pensamientos. Me di cuenta que toda una vida de haber ignorado lo que surgía en mi interior sólo me había llevado de vuelta a la búsqueda, a la automedicación y a la disociación. Había llegado el momento de estar atento.

Esta exploración se volvió tan íntima, tierna y gentil que fue como si me hubiera enamorado de cada sensación y cada pensamiento relacionado con el cuerpo. Se dio una rendición completa a todo lo que iba surgiendo. Comencé a sentir con toda amabilidad lo que surgía en mi cuerpo, todo el tiempo, todo el día. Realmente se convirtió en una historia de amor.

Comencé a darme cuenta que toda mi vida había estado buscando atención, amor y todo lo demás fuera de mí mismo. Había estado buscando algo que cambiara lo que sentía, alguien que amara mi cuerpo, mi experiencia. Me di cuenta que ese era mi trabajo, no el de otra persona. Buscar todo eso fuera de mí mismo era algo imposible. Y pensar que algo externo a mí podría llegar a consolarme o hacerme amar mi experiencia era una actitud de evasión e ineficiencia. Esta labor sólo dependía de mí.

Ahora, antes de ir más lejos, no era ‘yo’ haciéndolo. No era como si la historia de Scott abrazara al cuerpo. Una historia sólo son pensamientos acerca de un cuerpo. Una historia no puede experimentar al cuerpo. El cuerpo era más bien abrazado desde un lugar libre de pensamiento, una vez que la mayoría de los pensamientos se relajaron. Este era un descanso que no tenía palabras. Llamo a esto ‘encarnación consciente,’ que es cuando dejamos de depender de nuestras mentes y de nuestro sentido del yo para conocer nuestros cuerpos. Sólo lo sentimos directamente, a través de la presencia, cada esquina y cada rincón de él. Experimentar el cuerpo tan íntima y directamente es ver a través de él completamente. Es estar tan plenamente consciente que uno deja de intentar huir, y de cualquier forma, no hay nada de que huir.

Mi cuerpo se comenzó a ver y sentir como un dibujo animado, un juego de imágenes y sensaciones en forma de sombras que iban y venían, sin ninguna solidez. Esta sigue siendo mi experiencia, estar íntimamente consciente del cuerpo junto con todo lo demás que surge en la vida – los sonidos, los colores, el espacio, los árboles, todo. Es tan hermoso amar a tal grado la experiencia que el hecho de escapar de ella y evitarla simplemente ya no tiene sentido.

Ante el riesgo de poner una zanahoria allá afuera, voy a decir esto. Vale mucho la pena explorar la encarnación, movernos de la identificación con el cuerpo físico hacia una dulce y amorosa inclusión de toda la experiencia corporal, sin identificarnos con él nunca más. Me atrevo a decir que es maravilloso llevar el despertar hasta esta profundidad. Si lo ves como una zanahoria, sólo advierte la búsqueda que hay detrás de ese pensamiento. Esa búsqueda es una ruta de escape. Cuestiónala. Tan sólo estoy compartiendo mi experiencia. No estoy tratando de consentir más búsqueda y proyección.

No tengo ni idea de lo que la gente está diciendo cuando hablan del despertar sin el aspecto consciente de la encarnación. Sólo puedo imaginar que están hablando de un despertar de la cabeza, en donde hay una sensación de espacio o de no tener cabeza. Yo no podría conformarme con eso.

Mi cuerpo no me lo permitiría. Él también está pidiendo el despertar a gritos. Para aquellos que están en desacuerdo con la idea del despertar en el cuerpo, sólo puedo imaginar que están sufriendo tal y como yo lo hice, y como mucha gente lo hace, con toda clase de cosas sucediendo en el cuerpo que son ignoradas, evitadas o de las que se quiere escapar – con esa ‘vacante’ inquieta que vive en el centro de su experiencia. ¿Estás experimentando alguna adicción? ¿Hay algún sentimiento subyacente de ansiedad? ¿Eres incapaz de sentarte y tan sólo ser por un breve lapso de tiempo? ¿Te sientes encantado con los marcos conceptuales elaborados y complejos? ¿Sueles defender a menudo todos esos conceptos? Considera la posibilidad real de que has pasado por alto el aspecto de la encarnación y que eso no da buenos resultados. Esto sólo pospone la inevitable comprensión de que la única salida es a través de. Simplemente estoy planteando la oportunidad de no pasar por alto nuestra experiencia humana.

Cuando dejas de pasar por alto este aspecto, sueltas todas las rutas de escape. Sueltas la inquietud y esa ‘vacante’ que había en tu cuerpo. Simplemente te sueltas, te dejas caer en ello, dándote cuenta que jamás hubo algo de lo que hubieras tenido que escapar, en primer lugar.

Soltarte en ello pone de manifiesto que tu cuerpo y tu vida son inseparables. Toda esa búsqueda y ese escape a través del pensamiento era un recordatorio para que sintieras, aceptaras y dieras la bienvenida a todo aquello que aparentaba ser demasiado. Nada es demasiado, sea lo que sea que estés sintiendo. Es sólo tu cuerpo diciendo: ‘pon tu atención en mí, y no busques fuera lo que nunca vas a encontrar allí – yo soy tu alivio.’

Puedes consultar los encuentros en el marco del ciclo de la pareja aquí

http://selenehidalgo.es/ciclo-de-encuentros-pareja/

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