El escándalo de la objetividad

(Un extracto traducido por Tarsila Murguía del libro ‘Living Relationship,’ de Scott Kiloby)

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GRAN PARTE DE LA falta de armonía en nuestras relaciones se le puede atribuir a la creencia que tenemos en la objetividad

La idea de que experimentamos a las demás personas ‘como realmente son.’ Esta creencia en la objetividad tiende a surgir junto con la creencia en la separación.

A través de este yo separado, veo otras entidades separadas. Una vez que esta división se lleva a cabo en la mente, hay una tendencia a creer que yo, el sujeto, puedo ver a otras personas, a los objetos, exactamente como son. Y en esa tendencia hay una especie de adormecimiento mental o ceguera del hecho de que cada vez que veo sujetos y objetos, estoy pensando.

No me doy cuenta de que estoy mirando a través de un filtro de pensamiento. Cuando creemos en la objetividad, resulta sumamente difícil ver que nuestros pensamientos, emociones y sensaciones pintan a los demás en una forma única para nosotros. Nuestro punto de vista acerca de los demás se moldea a través de nuestra memoria, historias personales, culturas, visiones del mundo, y rasgos psicológicos y emocionales, junto con varias influencias más. El pintor es inseparable de su pintura. No vemos a los demás como son.

Los vemos como somos nosotros. Una forma de ver esto en tu propia experiencia es descansar en tu presencia consciente sin puntos de vista acerca de la persona en particular que te acompaña en este momento. Esto puede ser especialmente difícil cuando se trata de alguien con quien has compartido una larga historia, como tu cónyuge, amigos cercanos, o miembros de tu familia. Pero a medida que descansas, aunque sea sólo por unos segundos, tendrás una visión inmediata de que son tus pensamientos los que pintan la imagen de lo que una persona es.

En el momento en el que descansas, sin pensamientos, no sabes quién o qué es la persona, precisamente porque no hay ningún pensamiento surgiendo. Los pensamientos te informan sobre todo lo que crees saber acerca de alguien. Cuando los pensamientos comienzan a surgir, nota que provienen desde tu propio conjunto de recuerdos.

Cada pensamiento que surge tiene que ver con alguna experiencia pasada que fue interpretada por ti de una manera personal. Tu opinión acerca de una persona es realmente la opinión de tus propios recuerdos.

Es como tener una relación con nuestros propios recuerdos.

Las emociones y sensaciones surgen al mismo tiempo que esos recuerdos para después pintar así tu opinión acerca de dicha persona. Observa que esto es siempre el caso, no importa con quién te encuentres. La forma como ves a una persona en particular depende completamente de los pensamientos, emociones y sensaciones particulares que ocurren en un determinado momento. Y los pensamientos tienen mucho que ver con nuestra propia educación, nuestra crianza, nuestros temores, nuestros pensamientos acerca de nosotros mismos, y muchas influencias de nuestra cultura con respecto a lo que son las personas y lo que deberían ser.

Esto puede ser difícil de notar hasta que comenzamos a relacionarnos con las personas en una manera fresca, en el momento, sin arrastrar nuestros recuerdos en cada encuentro e interpretando las palabras y acciones presentes de los demás a través de esos recuerdos.

Cuando no somos capaces de darnos cuenta que los pensamientos producen nuestra opinión de los demás, compramos la creencia de que estamos viendo a los demás de manera objetiva, exactamente como realmente son. No somos capaces de ver que nuestra opinión es relativa y subjetiva. No vemos que nuestra opinión se limita sólo a lo que pensamos, sentimos, y percibimos en el momento. Aunque en un nivel intelectual, sabemos que nuestra opinión acerca de alguien es subjetiva, relativa y limitada, a menudo actuamos como si este punto de vista u opinión fuera objetivo.

Por ejemplo, Brad y Tony están discutiendo sobre el actual líder de un país de Oriente Medio. Brad, que es demócrata, no está de acuerdo con Tony, que es republicano. Brad se enoja mucho cuando escucha a Tony. Brad podría saber, intelectualmente, que su punto de vista acerca del líder de Oriente Medio es en gran parte subjetiva. Él sabe que su opinión ha sido moldeada por ser demócrata, así como por todo tipo de otras experiencias que ha tenido.Sin embargo, este conocimiento intelectual no le impide enojarse cada vez más cuando escucha a Tony. Brad piensa que Tony “simplemente no entiende.” Él realmente quiere demostrarle que está equivocado acerca de ese líder. El mismo hecho de enojarse mientras escucha a Tony indica cuán profundamente cree que sus pensamientos representan la realidad. No hay nada de malo en enojarse. Es una emoción humana natural. Pero a menudo se basa en una visión sesgada de la realidad. Brad actúa y responde ante Tony basándose en su creencia en la objetividad. El líder no es sólo alguien apareciéndose por ahí, de manera aislada y objetiva. Tanto Brad como Tony están experimentando pensamientos, emociones y sensaciones particulares que pintan a ese líder bajo una cierta luz – como bueno o malo, correcto o incorrecto. Y las emociones tienden a fortalecer el punto de vista particular de la mente, haciéndolo que parezca cada vez más real. La creencia en la objetividad es un escándalo.

Mira el grado y la profundidad de sufrimiento y conflicto que ha surgido a través de toda esta historia basada en la creencia básica de “veo a los demás como realmente son.” Lo llamo escándalo porque esa creencia es universal, pero no nos damos cuenta que es una creencia. La confundimos con la realidad y este error nos sale bastante caro, generando una desarmonía generalizada en las relaciones humanas.

El escándalo nos ha dejado un rastro de asesinatos, torturas, violaciones, abusos, guerras, conflictos, intimidación, divorcios, control, manipulación, alienación y soledad en nuestras relaciones. Cuando no somos capaces de ver la naturaleza subjetiva de nuestra experiencia, tratamos a los demás como objetos de alguna forma independientes de nuestros propios pensamientos, emociones y sensaciones.

Esta creencia en la objetividad está directamente relacionada con nuestro deseo de cambiar, manipular, abusar, juzgar, culpar, acosar y controlar a los demás, así como con nuestra tendencia a buscar aprobación, atención, valía, dignidad y amor de los demás.

Cuando dejamos de apuntar hacia fuera, como si viéramos a la gente y las situaciones como algo objetivo, y en su lugar nos enfocamos en los pensamientos, emociones, y sensaciones que surgen en nosotros, una nueva claridad se hace disponible. Nos liberamos a nosotros mismos de la creencia de que hay un yo que ve a los demás como realmente son. Nuestra constante necesidad de apuntar hacia fuera comienza a liberarse a sí misma en esta claridad inteligente.

Y nuestras relaciones comienzan a ser más armoniosas. Cuando apuntamos hacia fuera, pasamos por alto el proyector – al yo – que pinta el mundo en una forma en particular. Paz, alegría, amor, compasión y sabiduría son encontradas dentro y a través de esta forma de ver. Y, como consecuencia directa, el mundo de allá fuera comienza a reflejar esa paz, alegría, amor, compasión y sabiduría interior. Lo interno y lo externo son Uno.

Una vez que esto es visto, podemos continuar expresando nuestras opiniones, pero sin la creencia de que “veo a los demás como realmente son.”