Nuevas Constelaciones Familiares

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 Qué son ?

Selene- Las comprensiones de las constelaciones de Bert Hellinger  y su evolución llevan años desarrollándose, expandiéndose, y corroborándose en todo el mundo.

Las nuevas constelaciones nos hablan de que este proceso al evolucionar, ha ido despojándose de la intervención del constelador como persona para dar lugar a una conexión más profunda con una dimensión más vasta y neutral. 

El movimiento surge del estado de quietud, del enfocar la consciencia en el centro, el vacío, silencio, fuente. Donde puede fluir y darse a conocer – momentáneamente -, lo que es verdadero.

El  trabajo de las nuevas constelaciones familiares  se manifiesta siempre en una forma concreta, y es perceptible como un flujo vibratorio surgiendo  tangible, sin que podamos comprenderlo o asirlo, su despliegue sin embargo es evidente para cualquier persona abierta a ello.  Son una profunda meditación en movimiento que nos conduce a hacia una vía de paz.

El constelador, el grupo, los representantes también   se centran y se entregan. Es decir no se mueven cuando predicen una dirección como se solía hacer antes, si no que se relajan y se dejan mover de manera muy lenta. 

Esta manifestación perceptible no es exclusiva, se expresa a través de  todos y está disponible para todos.

En este sentido es un estado meditativo donde la percepción se vuelve más aguda ya que la atención se vuelve hacia el interior. Hacia la fuente de donde emerge el pensamiento.

La prioridad del constelador es vaciarse primero, renunciar a todas las imágenes, ideas, imaginaciones,  y auto referencias para ponerse al servicio de “ESO” y por ende al servicio  del cliente, su sistema y de todos.

Esto permite  que la verdad despojada de juicios surja a través de él y que le sea posible reflejarla de manera breve y concisa si es que tiene que hacer una intervención. por ejemplo a través de frases ****( Frases).  Y todos los involucrados  somos sorprendente y gratamente  tomados, guiados  …….. 

Orden, pertenencia, inclusión, dar y tomar, Honrar a lo que es y lo que fue….

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La palabra  por Bert Hellinger

Originalmente la palabra se habla. La palabra se pronuncia. Con ella se comunica algo, se nombra y se describe algo. La palabra sirve   el intercambio, sirve al  dar y el tomar. Revela al otro lo que le era velado. Le permite participar en algo personal y fomenta lazos y confianza. Y sin embargo no se trata sólo de lo que se dice sino también del cómo se dice, el tono, la expresión, la mirada, el ademán. Gracias a todo ello la palabra no sólo se escucha sino que también se contempla en el otro.

Ciertas palabras tienen peso. En ellas adquiere volumen un evento, un acontecer, una realidad extendida al compás del tiempo. Por ejemplo en la palabra “madre” o “padre” o “hijo”. La palabra con peso provoca un movimiento en el alma, la conmueve, desencadena un impulso, como el llamado “¡socorro!” o simplemente “por favor” o “gracias”. También las palabras “vida” o “muerte”, “adiós” u “hogar” nos emocionan y ponen algo en movimiento.

Algunas palabras nos impactan y, en función de la manera cómo son dichas, nos transportan en el concepto que describen. Como por ejemplo la palabra “hálito”. Con la palabra “árbol” percibimos un movimiento interior involuntario que la mano reproduce al imitar la redondez de su corona.

En la palabra hablada vibra algo que le falta a la palabra leída. De ahí que la palabra hablada necesita tiempo, y sólo así llega a desarrollar su efecto. En la lectura puede uno apresurarse e incluso sobrevolar el texto, pescando talvez sólo la información pero no el sentido pleno. Para comprender la palabra leída, es  imprescindible articularla en voz alta y concederle el tiempo de una palabra hablada. Percibimos intensamente este matiz cuando leemos un poema.

A menudo es preciso, al decir algo consistente, darle tiempo al otro de sentirlo resonar en él hasta que interiormente lo haya podido repetir. Sólo así llega a tocar su alma, a ser saboreado y a  desplegar su  valor. Hablar de esta manera nos es posible cuando la palabra ha cumplido ya en nosotros su obra, cuando al pronunciarla revela ser un eco de lo que ya en nosotros mismos ha resonado. Hablando por sí solas, tales palabras son poco numerosas, sin afectación, directas, generosas y un regalo para los otros.