Constelaciones desde la perspectiva de Hellinger y Hamer 

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La fusión de estos dos grandes descubrimientos contemporáneos,  las constelaciones familiares y la Nueva Medicina Germánica crean un poderoso recurso de sanación, no solo en lo que respecta a la enfermedad en sí, sino también en aquellas áreas de la vida donde se manifiesta una situación que genera impotencia o sufrimiento, ya que invitan a la presencia y a la toma de consciencia necesaria para encontrar un reequilibrio y por ende más paz.

Los descubrimientos y evolución de las Constelaciones a través de Bert Hellinger y de la masa crítica de consteladores que están transformando el campo mórfico global nos corroboran la existencia de una red de vinculaciones transpersonales, transgeneracionales, incluso más allá de las líneas temporales que pretendemos conocer.  Esta forma de ayuda permite vislumbrar la presencia inmanente de un orden mayor y sus leyes, cuya transgresión tiene consecuencias  que se manifiestan como desequilibrios, demandan compensación y  pueden implicar  generalmente a varias generaciones posteriores.

Puedes ver luego:     Quienes pertenecen a mi sistema.

                                   Y por qué me influye mi sistema.

Tanto en las constelaciones como en la Nueva Medicina Germánica (N.M.G.), observamos que la enfermedad muestra también dos aspectos, dos fases o polaridades, y en ésta se corrobora que el equilibrio retorna en el momento en que se  resuelve el conflicto. En la mayoría de los casos éstos permanecen inconscientes algún tiempo incitando a la persona a realizar un periplo para recuperar su salud.

Cuando se logra una apertura, para acoger lo que emerge, la persona es conducida a un gran viaje interior de reconexión. Por eso es frecuente escuchar de quien  está tomando consciencia de su “enfermedad” ( ***Ya Hamer no le llama así) o conflicto.

Frases muy comunes: “Esto está siendo mi maestro, ahora siento que no cambiaría lo que me ha sucedido”, “He aprendido en un año lo que no aprendí en toda mi vida”, ”El cáncer me ha salvado la vida”, o “Estoy listo para irme. Me voy en paz”.Solo quién ha alcanzado esa apertura puede considerar estas frases con sentido.

Hellinger trae a la luz las dinámicas de víctima-perpetrador o excluidor-excluido y la relación directa que tienen éstas con la enfermedad y con destinos trágicos. Nos revela la enfermedad como un movimiento provocador orientado hacia una reconciliación  profunda. La sanación de una enfermedad es sanación para todo el sistema, para vivos y muertos. Y es muy probable que también resulte en la curación total del cuerpo físico.

Es decir, para Hellinger la enfermedad o los desafíos de vida son una invitación a una apertura hacia algo más grande, un movimiento del espíritu.

El Dr. Hamer en  La quinta ley nos revela que aquello que llamamos enfermedad *** es parte integral de un Programa Especial de la Naturaleza con Pleno Sentido Biológico (SBS).

Nos sorprende cuando por primera vez contemplamos que el movimiento del espíritu nos guía a mirar al perpetrador tanto como a la víctima y a darles un lugar con amor y neutralidad.  Eso nos lleva a un replanteo profundo y al reconocimiento de que todos en mayor medida hacemos daño y recibimos daño.

Como es frecuente que nos identifiquemos más  con “el bueno”, “la víctima”, el que tiene la verdad. Constatar y aceptar que la mayor parte del tiempo nos movemos en las interacciones diarias pivotando entre una polaridad y la otra es un paso importante evolutivo y liberador.

Frases como… También soy como tú. Yo también hago daño.  Somos iguales, No soy mejor que tú, en tu lugar no lo haría mejor, tienen un impacto que nos ayuda a tomar consciencia cuando excluimos desde una supuesta “buena consciencia moral” pues en nombre de esa “superioridad moral” se cometen los más grandes crímenes humanos.

En pequeña escala excluimos y nos convertimos también en perpetradores y hacemos daño desde esa mirada de superioridad.

En constelaciones la enfermedad pone de manifiesto la lealtad a una de las polaridades y expone la exclusión de su opuesto, dándonos una oportunidad de tomarlo en nuestro corazón.

Advertir este juego y abrirnos a esta reconciliación, conlleva una madurez que deriva de encontrarnos en un “estado adulto”. Le llamamos así al estado de emancipación emocional. Implica haber  contemplado o sanado en gran parte la herida infantil y haber renunciado al reclamo. Es decir, haber aceptado el origen del que provenimos tal cual fue, tal cual es. Honrando la vida que recibimos  de nuestros padres biológicos.

La vida nos puso en esas manos y esa es y será nuestra verdad hasta el fin de los días en la tierra. O lo aceptamos o permanecemos inmaduros, infelices. Sin fuerzas para tomar o confiar en la vida.  O sin ánimo para enfrentar un destino difícil.

Y si alguien nace con una enfermedad?

Es una pregunta que surge. en N.M.G  forman partes de aquello que no  puede tratarse con el criterio de las cinco leyes, tampoco los casos de envenenamiento ni de  accidentes ya cumplen con el criterio de  bioshock. Sin embargo desde las Constelaciones puede  por ejemplo, en ese caso podría un adulto mirar por el niño en trabajo de constelaciones al excluido que el síntoma va a poner de manifiesto a través del representante . También el niño puede estar diciendo a su madre:   “Yo en tu lugar”, “Yo por ti”.

Observamos al constelar que el movimiento del espíritu o el campo, nos conduce a honrar todo lo que emerge y más aún lo que ha sido trágico, sin juzgar en términos morales o duales. Al tomar consciencia de las dinámicas de amor ciego o simplemente soltar a los que ya han muerto.

Al incluir a aquellos que han sido ignorados se produce un gran reequilibrio y liberación en los sistemas que se traducen en la vida cotidiana de todos sus miembros. La posibilidad de estar presentes y abiertos frente a aquello que en principio rechazamos, permite la apertura a un espacio de consciencia más amplio, menos limitado. Al poder mirar con amor la polaridad opuesta que generalmente es resistida y está manifestándose en un bloqueo o sufrimiento se produce una gran liberación y eso es corroborado por cientos de terapeutas y consteladores a diario. Y propicia movimientos sanadores.

Esta unión de perspectivas entre Constelaciones y N.M.G. nos invita a aceptar el origen como padre/madre unidad, vida y muerte como unidad, víctima y perpetrador como unidad. Salud/enfermedad, luz/oscuridad, sabiduría/ignorancia, valor/miedo.

Nos recuerda que detrás de todo lo que existe hay una única presencia neutral y amor. No el amor publicitario que solemos conocer, sino una fuerza inclusiva de total cohesión, coherencia y abrumadora neutralidad.

Lo que ocurre a  veces,  es que el amor que está atrapado o vinculado a experiencias dolorosas se puede expresar  a través de la persona como rechazo, violencia, autoagresión, dureza, control, etc. O como amor ciego. Esto hace que un descendiente se “inmole” o expíe inconscientemente por un progenitor o antepasado.El trabajo en constelaciones permite un cambio de percepción y  posibilita que ese amor vuelva a fluir.

 Esta reconciliación profunda que conlleva una aceptación verdadera: sana, libera y transmuta.  

Los representantes en las Nuevas Constelaciones manifiestan sensaciones corporales que son traducidas desde las comprensiones de La Nueva Medicina Germánica y así se hacen posibles descodificaciones en muchos niveles que propician incluso que la fase de reparación de la enfermedad se vuelva más suave.

Tanto Hellinger como Hamer ven en la enfermedad el movimiento del espíritu al servicio de la vida. Aunque a veces la magnitud del aprendizaje sistémico en juego, cueste la vida de unos en favor de la totalidad , quien se abre a lo que es tal cual es, sea cual sea su destino, encuentra paz.