Campos Mórficos. Rupert Sheldrake

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Debido a que la ciencia institucional se ha vuelto conservadora, tan limitada por los paradigmas convencionales, algunos de los problemas más fundamentales son ignorados, tratados como tabú o puestos en el último lugar de la agenda científica.
(Rupert Sheldrake)

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Nuestra conciencia, según Jack Sarfatti, puede percibir al instante y, al instante, influir sobre cualquier parte del universo. Puede abandonar el cuerpo y vagar más deprisa que un fotón a través de ámbitos infinitos sobre cualquier parte del universo. En palabras del propio Sarfatti:

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“Dudo de la existencia de poderes de psicoquinesis y de la transferencia supraluminal de información. Sin embargo acepto la posibilidad de su existencia, ya que la mecánica cuántica parece tener sitio para ellas”.

 

Una sorprendente idea ha sido introducida por el científico Rupert Sheldrake inglés, idea que está revolucionando los conceptos fundamentales acerca de la naturaleza. Lanzó la hipótesis de que el universo no está funcionando de acuerdo a leyes inmutables sino más bien a modelos de hábitos creados por la repetición de ciertos sucesos en el tiempo.

El llamado condicionamiento

Rupert Sheldrake propone en su libro Una nueva Ciencia de la Vida que todos los sistemas se regulan no por factores materiales o mediante energías conocidas sino también por campos organizadores invisibles. Existe un vínculo que actúa instantáneamente en un nivel sub-cuántico fuera del espacio y el tiempo. Este vínculo es lo que Sheldrake denomina campo mórfico o morfogenético. Estos campos no tienen energía y sin embargo desempeñan un rol de producción de formas. Funcionan como si fuesen modelos para la forma y el comportamiento. Según esta hipótesis sucede lo siguiente:
Todas las veces que un miembro de una especie aprende un comportamiento nuevo, cambia el campo morfológico de la especie. Si el comportamiento se repite durante cierto lapso de tiempo, su resonancia mórfica afecta a la especie entera. La matriz invisible que lo permite es un campo morfogenético, capaz de producir un efecto remoto tanto en el espacio como en el tiempo.
Son utilizables a través del espacio y el tiempo sin pérdida alguna de intensidad después de haber sido creados. Son campos no físicos que ejercen influencia sobre sistemas que presentan algún tipo de organización inherente. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada. Concibo las regularidades de la naturaleza como hábitos más que cosas gobernadas por leyes matemáticas eternas que existen de alguna forma fuera de la naturaleza”
Como el sistema nervioso también está gobernado por campos morfogenéticos, la hipótesis de Sheldrake tiene poderosas implicaciones para la teoría del aprendizaje. Así, por ejemplo, se podría postular que si un cierto número de personas aprende un “nuevo estilo de vida”,… que para la intención de este experimento de masa crítica se trata de una forma determinada de manejar el pensamiento y la emoción de manera consciente, entonces otras personas en cualquier parte del mundo deberían aprender este nuevo estilo más fácilmente y en ausencia de cualquier tipo de conexión física o de comunicación.
Nos referimos a un “estilo de vida” en el que la paz es el estado natural de las personas, y en el que todas sus necesidades y anhelos se satisfacen de manera sincrónica y armónica.
Se requiere la formación de un campo promotor apropiado que puede ser facilitado por la resonancia mórfica procedente de personas enfocadas en un objetivo común, quienes integran a su vida diaria los hábitos necesarios para propiciar la conexión con elevadas frecuencias de paz, armonía, felicidad y abundancia.

La hipótesis de la Resonancia Mórfica y otras basadas igualmente en la observación y en experimentos científicos llevarían a Sheldrake a formular la Teoría de los Campos Mórficos y la Teoría de la Mente Extendida (la mente no es tan sólo la actividad del cerebro, sino que éste es el sustento físico a través del cual ésta se puede manifestar. No se encuentra confinada en el cerebro sino que se extiende hacia el mundo que le rodea). Estudios, hipótesis y teorías han llevado a la comunidad científica a dividirse entre ofendidos y entusiastas, repitiéndose lo que antaño ocurriera con hombres de ciencia como Galileo, Copérnico y Servet, o incluso con filósofos y maestros espirituales. Todos ellos fueron iconoclastas, pues rompieron con lo hasta entonces aceptado.

El experimento del mono número cien

En 1952, en la isla japonesa de Koshima, un grupo de científicos, encabezado por el Dr. Lyall Watson, comenzó a proveer a los monos de la zona, los Macaca Fuscata, una especie de boniatos denominados camotes. Estas raíces gustaban mucho a los monos, pero no la arena que quedaba pegada a su piel. Un día una hembra comenzó a lavar en el agua los camotes antes de comerlos y este hábito fue imitado por otros monos de su comunidad. En 1958 todos los monos jóvenes y algunos adultos lavaban los camotes antes de comerlos. Y entonces, al llegar el verano, los investigadores fueron testigos de que el cambio paulatino que habían observado durante seis años se generalizó casi simultáneamente en toda la isla cuando un sólo mono más (que le llamaron el mono número 100) aprendió el cambio. Pero lo más sorprendente fue que este avance social llegó también rápidamente a otras colonias donde se estaba realizando el experimento, a pesar de que nunca habían tenido contacto directo con los monos de la isla de Koshima y ni siquiera habían comenzado el cambio.
Este experimento refuerza la idea de que cuando un determinado número de seres (llamado masa crítica) logra desarrollar poco a poco una nueva conciencia, un cambio evolutivo, llega un momento que la mera contribución de un individuo más produce un punto de inflexión, una aceleración de la transmisión del cambio, que rápidamente es adoptado por toda los miembros del colectivo, por muy alejados que estos se encuentren. En palabras del Dr. Sheldrake “el campo mórfico se refuerza” lo suficiente como para que afecte rápidamente a toda la especie. De forma similar el Dr. Watson sostuvo en su época que “Si un número suficientemente grande de entre nosotros cree que algo es cierto, esto se torna en verdad para todo el mundo”, afirmación que podría enlazar con la idea de que la humanidad se beneficia en su conjunto cuando hay personas que oran, meditan o simplemente tratan de llevar una vida consciente y en armonía. Cada vez son más los estudiosos del tema que creen que, al igual que ocurrió con los monos, la humanidad pronto adoptará globalmente los cambios realizados ya por miles de personas en todo el mundo, que han abandonado las conductas violentas, tanto físicas como mentales, hacia los demás seres, humanos o no. Esta creencia es avalada también por muchas tradiciones de la Tierra.

Los guardianes de la tradición

El verdadero espíritu científico nunca descarta un dato o una idea por descabellados que éstos puedan parecer. ¿Por qué menospreciar el legado de las tradiciones antiguas, que en gran parte se corroboran unas a otras.

Los indios Hopi (Arizona) afirman que desde hace más de 10.000 años sus ancestros custodian unas tablas de piedra que dicen así: “Los humanos conocerán el molde del que están hechos y crearán nuevas criaturas, los animales antiguos serán regresados (¿clonación de mamuts que está bajo estudio desde hace años?). El tiempo se acelerará, la gente no tendrá tiempo para los demás. Habrá praderas de piedra llenas de gente vacía […]. Los que sean puros y estén en armonía con la madre verán el amanecer del nuevo mundo purificado, el quinto mundo. […] Cuando los 144.000 danzantes del sol despierten, el amanecer habrá llegado”.

En línea con los estudios de Sheldrake o Watson, los Hopi y los Cree están convencidos que se alcanzará un grupo de personas, una masa crítica similar al experimento del Mono Número Cien, que despertará en conciencia y provocará un rápido cambio positivo global. Según ellos, dicho cambio será tanto más suave cuantas más personas vuelvan al Sendero del Corazón. Curiosamente, el apóstol Juan cita también 144.000 personas que han limpiado sus vestiduras (se han purificado) y que aparecerán justo antes de la llegada de mil años de paz.
Pero, ¿cuándo se alcanzará esa masa crítica? Últimamente se han difundido mucho las profecías de los antiguos Mayas, que sitúan en diciembre de 2012 el final de su calendario, afirmando que habrá un antes y un después de esa fecha. Las viejas estructuras caerán y la civilización dejará de estar basada en el miedo y el enfrentamiento para basarse en el amor y el respeto, lo cual concuerda con lo que pronostican las demás tradiciones, y con la idea del aprendizaje colectivo postulado por Sheldrake y Watson.

http://www.sheldrake.org/homepage.html